Mucho antes de que llegara Twitter y la actualidad se convirtiera en un chiste eterno, cuando Internet era todo campo y sólo algunos pioneros se aventuraban en la red armados con hiperlinks, un dudoso sentido cromático y mucho código HTML, aparecieron los GIF. Aquella creación de Compuserve (primera compañía en ofrecer servicios telemáticos en Estados Unidos) era simplemente, como su nombre indica -Graphic Interchange Format-, un formato para intercambiar imágenes. Su llegada revolucionó el diseño web, puesto que gracias a su ratio de compresión permitía ofrecer imágenes de una calidad razonable a 256 colores, con un peso asumible por los módems de la época. Internet se llenó de dibujitos de e iconos (quién no recuerda los odiosos mensajes de "web en construcción" y similares), y la publicidad encontró en los GIF un aliado perfecto para poblar de banners cualquier página. Pero, quién lo diría, este formato destinado a convertirse en un mero recuerdo almacenado en el desván de Internet, está viviendo su mejor época. Tanto que, gracias a las redes sociales y al ingenio de sus usuarios, los GIF actuales han dejado de ser un recurso retro para convertirse en el culmen de la modernidad.