El corto se realizó en 107 días, utilizando dos cámaras separadas. Los hipnotizantes mordiscos de la Dionaea muscipula, combinados con el uso estratégico de los efectos de sonido, le recuerdan al espectador que las plantas pueden ser tan terroríficas como los animales. Ver una escalofriante araña ser comida viva por una planta, por ejemplo, sirve de recordatorio de por qué debemos respetar a la madre naturaleza.